Colorado, M. (April 2003). En Colombia las mujeres tejen lazos amorosos en medio de la guerra Educational Insights, 8(1). [Available: http://ccfi.educ.ubc.ca/publication/insights/v08n01/praxis/colorado/]

 

 

En Colombia las mujeres tejen lazos amorosos en medio de la guerra[1]

Martha Colorado[2]
La Ruta Pacifica, Colombia

English Version  

 

Quiero dar testimonio de cómo en Colombia las comunidades y en especial las mujeres están construyendo otro país en medio de la barbarie de la guerra, la violencia y la muerte cotidiana. Para ello hablaré de algunas de las experiencias[3] vividas en un viaje reciente a Colombia, y haré una presentación de la Ruta Pacifica por la tramitación negociada del conflicto armado en Colombia y de las visiones o ideas que acompañan a este movimiento.

En Colombia miles de mujeres, organizadas en grupos y proyectos se movilizan contra la guerra, trabajan y resisten cotidianamente construyendo nuevas propuestas de vida. Contrario al discurso dominante y de los diversos grupos armados que llaman a la guerra como la única opción, que llama a la retaliación y a acabar con el enemigo, muchas mujeres creen que no hay guerras justas, que no existe el enemigo y que Colombia puede ser un país que incluya a todos los hombres y mujeres quienes lo habitan. Para ello estas mujeres en medio del dolor y a pesar del miedo,  ejercen la desobediencia civil y la resistencia no violenta.

1. Mi Regreso a Colombia

Entre Noviembre y Diciembre del año 2002 tuve la oportunidad de retornar a mi país  después de dos años de estar ausente. Regresar a Colombia fue un regalo de la vida a través de la invitación que me hicieron las mujeres de la Ruta Pacifica, para ir a trabajar con ellas por unas semanas. Volví a sentirme cotidianamente parte de esta comunidad, volví a sentir su energía, su valentía, y también sus miedos. Pero a pesar del miedo, a ellas las acompaña cotidianamente la persistencia y la perseverancia para seguir adelante. Porque ellas a diario conjuran el miedo para mantenerse en pie.

Mi primera experiencia de regreso fue asistir,  como parte de la Ruta Pacifica,  a un encuentro de 5 días en el cual más de 300 mujeres, pertenecientes a 22 organizaciones de mujeres del ámbito nacional,  construyeron una agenda básica para la negociación del conflicto armado[4]. Esta Constituyente incluyó en la Agenda, propuestas recogidas previamente desde diversos sectores y regiones,  en un proceso que duró más de un año[5].

En la Constituyente me encontré con muchas feministas que hacia tiempo no veía,  también conocí mujeres de diferentes regiones del país, todas llenas de saberes y ganas de trabajar para salir adelante con sus proyectos, con la firmeza de que las cosas tienen que cambiar en Colombia por el bien de todas y todos,  el de nuestros hijos e hijas y sus descendientes.

Fue muy doloroso para mi saber la situación de la población campesina de las Zonas de Rehabilitación y Consolidación[6], lugares que han sido tomadas por las fuerzas armadas del estado. El ejército está marcando a la población con tinta indeleble –como en los campos de concentración nazi- para diferenciarlos de la guerrilla, les restringen los movimientos, la compra de alimentos y toda su vida. Todo esto es tan doloroso como saber que hay personas de la Comuna 13[7] en Medellín[8] que siguen desapareciendo y que a pesar de la presencia militar del estado, los grupos paramilitares controlan el área y han asesinado allí a decenas de personas, algunas de ellas decapitadas y otras han sido cercenadas en partes y luego enterradas en fosas clandestinas.  Crímenes abominables, que sólo se explican por la degradación y barbarie humana que se produce en medio de la guerra[9]. Cuatro mujeres de la Comuna 13 pertenecientes a una organización popular de mujeres y a la Ruta Pacífica fueron detenidas, sus casas también fueron allanadas por la policía. Esta organización habia denunciado los crímenes y violaciones de los derechos humanos que se están cometiendo en su zona.


Ante este hecho la Ruta Pacifica y Mujeres de Negro[10] realizaron una gran movilización en la Comuna 13, a la cual acudieron  centenas de mujeres de otras ciudades vestidas de negro, portando flores y mariposas amarillas. También se movilizaron afuera del lugar donde estaban detenidas, después de varios días fueron liberadas, pero continuó el hostigamiento contra ellas por lo cual se han tenido que desplazar de su barrio.

Conocí también a una indígena de la zona del Mitú[11], líder de 19 comunidades, quien ha sido amenazada por las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) porque ella se negó - como líder de su comunidad que es- al reclutamiento forzado de los jóvenes de su comunidad por parte de la guerrilla, la cual domina en esa zona.  Por esta razón esta mujer ha sido víctima de dos atentados contra su vida, incluso con la participación de algunos jóvenes de su comunidad que anteriormente fueron reclutados como milicianos de las Farc.  Las diversas comunidades en Colombia sufren cotidianamente historias como éstas,  asesinato, acoso, intimidación  y desplazamiento forzado por parte de los diversos grupos de las nombradas izquierda y derecha en nuestro país.

Todas mis amigas en Medellín también fueron convulsionadas por la colectiva violación, tortura de una chica que era beneficiaria y participante de un proyecto juvenil de una de las organizaciones de la Ruta Pacifica. Los paramilitares no sólo la violaron y torturaron sino que con un arma punzante la  marcaron con las iniciales de la organización Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)[12]

Estuve con ellas mientras se vivía esta experiencia la cual tuvo consecuencias en la vida de las organizaciones y en la salud mental de todas. También participé de los actos amorosos, de sanación y reparación que las organizaciones han realizado con la chica, su familia, pero también entre las mismas mujeres y organizaciones que han estado apoyando a la joven y denunciando este caso.

Alrededor del tema de los crímenes de lesa humanidad contra las mujeres, este año 2003 las mujeres del Movimiento Nacional de Mujeres Contra la Guerra [13]realizaran una campaña para denunciar este tipo de crímenes de lesa humanidad. El nombre de la campaña es “ni objeto sexual, ni objetivo militar”. Se ha recopilado información sobre diversos crímenes de lesa humanidad cometidos por las fuerzas armadas del estado, por los paramilitares y por las guerrillas.   La violación y la tortura a mujeres se han convertido en una práctica recurrente de los actores del conflicto armado, especialmente en la ciudad. Las mujeres en este contexto han sido convertidas en botín de guerra. Se les acusa a ellas y a sus organizaciones de ser colaboradoras de la guerrilla o de tener que ver con los paramilitares o el ejército.[14]

Luego de mi participación en la constituyente viaje a Medellín y trabajé más de 20 días con las compañeras de la Ruta Pacifica. Apoye la elaboración de algunos documentos y luego en la preparación de una reunión de la coordinación nacional de la Ruta en la cual se evaluó el plan desarrollado en el año 2002 y se planeó las acciones a desarrollar en el año 2003. A esa reunión asistieron mujeres pertenecientes a 8 regiones del país.

Fue emocionante escuchar las vivencias y experiencias, asi como percibir la valentía de las mujeres de las diversas regiones contando sus propuestas para movilizarse en cada zona y los proyectos[15] que desarrollan  junto a su trabajo contra la guerra y por la construcción de la paz.  En especial quiero resaltar lo que escuché de la mujer que había llegado desde el Choco[16], zona habitada fundamentalmente por negros afrodescendientes, región rica en expresiones culturales y en recursos naturales, pero olvidada del apoyo de los recursos del Estado.  Esta es una zona de disputa entre guerrillas y paramilitares.  Las comunidades sufrieron en su zona, el pasado año, la masacre de Bojayá, la cual fue cometida por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia(Farc). Ellos se justificaron diciendo que “ fue un error militar” producido por el enfrentamiento de esta organización con un grupo paramilitar que se había tomado el pueblo. A pesar de las advertencias y súplicas de los pobladores, la guerrilla terminó destruyendo todo el pueblo y la iglesia donde se habian refugiado muchos habitantes de este municipio. El resultado fueron 117 muertos (de ellos un 40 por ciento menores de edad) y 90 heridos.

Después de esta masacre los enfrentamientos en la zona continúan, los paramilitares controlan la zona, incluyendo el tránsito por el Río Atrato, arteria fluvial del área, que ahora es vedada para la comunidad la cual se ve obligada a restringir sus movimientos y a refugiarse en sus casas, sumida en la impotencia y el miedo.

Fue en este contexto cuando un gran grupo de mujeres decidieron un día tomarse el río Atrato.  Se subieron en lanchas con sus familias, su música, sus atuendos, sus juegos, sus tejidos, y sus alegres y mejores atuendos. Permanecieron allí de un día para otro.  Ellas querían decirle de esta manera a su comunidad que unidas sí se podían hacer muchas cosas, que había que vencer el miedo. Ellas estaban ejerciendo un acto de resistencia pacifica, de desobediencia civil. Con su cuerpo, con su presencia, y con sus acciones estaban diciendo No.   Los paramilitares las miraban desconcertados  desde la orilla del río. La intrepidez de las mujeres los ponía fuera de lugar, sin saber cómo responder.

De acciones como la anteriormente narrada, que no dañan físicamente a nadie, que simplemente se mueven en otra lógica, que desconciertan la lógica de los guerreros, está llena la movilización y el accionar de los grupos y organizaciones de mujeres en Colombia y en especial de la Ruta Pacifica.


Estos son algunos ejemplos de los testimonios que escuché, y de las experiencias vividas en más de cinco semanas que estuve en mi país.  Sentir y vivir esta cercanía con las mujeres, con las comunidades y con mi familia, ha sido un buen aliciente para continuar mi actual proceso; aprender una nueva lengua y buscar un nuevo lugar en el mundo que me ha tocado vivir.

2.  La Ruta Pacifica

La Ruta Pacifica de las Mujeres, tuvo sus orígenes en 1995, por la grave situación en la que se encontraban y encuentran las mujeres colombianas en medio de la guerra,  tanto  en las áreas rurales como  urbanas. Las mujeres sufren diversas violencias  que han sido invisibilizadas  y subvaloradas  ante hechos tan graves como las masacres,  el acostumbramiento a la muerte cotidiana y la degradación producida por una guerra que tiene sus orígenes hace cerca de 50 años y que tiene a su haber crímenes indecibles cometidos por los paramilitares, las fuerzas de estado y las guerrillas.

Colombia se encuentra en una crisis humanitaria compleja, en la cual la principal víctima es la población civil, la cual ha sido tomada como objetivo por todos los bandos en contienda. Esta crisis humanitaria se refleja en la afectación de la población civil y en los altos índices de desplazamiento forzoso como producto de la guerra[17]. En los últimos 10 años existen en Colombia  cerca 3,000,000 personas afectadas por un desplazamiento forzado, de las cuales el 70% son mujeres con sus hijos e hijas.

En este contexto surgió la Ruta Pacifica, la cual es una propuesta feminista, que busca la tramitación negociada del conflicto armado en  Colombia. Las mujeres participantes en la Ruta nos declaramos pacifistas, antimilitaristas y constructoras de una ética de la No violencia. Contra las violencias, reivindicamos la solidaridad y la ternura que nos ayuda a sostenernos como seres humanos y como colectivos en medio de las situaciones límites ante las cuales nos coloca la guerra. Con nuestra movilización, con nuestra presencia, con nuestro cuerpo decimos No a la guerra, No a la representación que de nosotras quieren hacer los diversos grupos,  No a la indiferencia  y  al olvido cómplice, y Sí a la vida digna, a la justicia social, a la memoria, la verdad,  a la reparación y a la esperanza.


La Ruta Pacífica
articula mujeres con experiencias muy distintas : Las intelectuales, las políticas - las que llamamos más racionales-, mujeres sencillas de las comunidades,  campesinas, indígenas, teatreras, poetas, mujeres que están pensándose y que se están cuestionando las relaciones y el sistema de género; las que tratan de articular la sabiduría  oriental y la occidental, todas con diversos saberes y experiencias que confluyen en una propuesta que tiene el reto de tejer esta diversidad.

La guerra atenta contra nuestra dignidad y humanidad porque lleva a los seres humanos a lo peor

Las mujeres hemos expresado que la guerra atenta contra la dignidad y degrada nuestras posibilidades de existencia, la de nuestr@s hij@s, compañer@s, familiares y amig@s, así como las de las generaciones por venir. Las vías armadas y violentas que se han impuesto en nuestro país han conducido a incentivar el desenfreno de la guerra y la violación de todos los límites humanitarios.

En la lógica de la guerra todos somos amigos o enemigos,  en ella predomina la ley del más fuerte, la ley de los armados. Por eso la Ruta  Pacífica representa el empeño, el empuje, la solidaridad, la fuerza de muchas mujeres puesta en función de colocarle limites a la locura de la guerra.  Guerra actual, pero a su vez,  prolongación de otras guerras que pesan en nuestra historia, y que se reproduce como retaliación o venganza cada vez más desquiciada. Las víctimas de ayer pueden ser los victimarios de hoy. Esta guerra empuja a la nación colombiana a lo peor, y está cuestionando precisamente la viabilidad futura de nuestro país.

Cada una de las personas de las nuevas generaciones cuenta en su haber con una historia de violencia, exclusión y discriminación;  con la repetición de discursos públicos y privados que promueven el irrespeto y la exclusión de l@s otr@s.  Imágenes y significantes que nos marcan y que obviamente seguimos repitiendo.  No se puede desconocer que Colombia viene desde tiempo atrás,  formando a sus niñ@s en prácticas excluyentes y violentas.  Las mujeres de la Ruta han expresado esta preocupación en uno de sus eslogan: No queremos parir más hijos e hijas para la guerra y la violencia.

Las mujeres tejemos y seguiremos tejiendo la paz

Estamos convencidas de que la seguridad y la paz no provienen del poder de las armas sino de la capacidad dialogante, de la justicia, del desarrollo social y económico, de la responsabilidad social, de la capacidad de negociación y de inclusión que logremos promover y expresar. 

Por eso en el corazón de la Ruta Pacifica está la persistencia, la sensatez, el recurrir a tejer lazos amorosos que contengan y rechacen la guerra; el recurrir a las fuerzas renovadoras de lo femenino para rescatar lo mejor de nuestra humanidad.   Este llamado atrae el sentir y la acción de muchas mujeres de diversos estratos y condiciones que desean hacer algo para lograr  la paz en Colombia.  

Recogemos la imagen simbólica del tejido: tejemos para contrarrestar la guerra; tejemos solidaridades, tejemos para reconstruir y reparar los lazos sociales y comunitarios, tejemos lazos amorosos; tejemos esperanza,  tejemos la memoria en un país donde el olvido y la impunidad deterioran cada vez más nuestra dignidad como seres humanos y nuestra valoración y respeto como sociedad. Por eso en nuestros proyectos organizativos, productivos, agroecológicos, artesanales, lúdicos, creativos y simbólicos, apoyamos la elaboración de los duelos acumulados, actuales y pasados de tantas violencias vividas en Colombia, duelos sin elaborar, violencias que siempre amenazan con repetirse.

El ritual,  el conjuro, el discurso poético, la creación y la movilización  

Para parar la insensatez de la guerra,  para tratar de frenar esta locura, para llevar a cabo nuestras propuestas desarrollamos una estrategia de deconstrucción de los símbolos que refuerzan la guerra, la exclusión y el exterminio.  

Nuestra propuesta simbólica se apoya en la poesía, en el conjuro, el ritual, en la construcción de nuevos símbolos, lenguajes y prácticas sociales que construyan caminos opuestos a la militarización, el armamentismo, a las lógicas del dominio y la exclusión, las cuales hacen culto a la violencia y a las armas.

Nos apoyamos también en la marcha,  la movilización,  la comunicación masiva y alternativa, en las alianzas con otros movimientos sociales, en la palabra que nos compromete, que hace esfuerzos por ligar lo mejor de nosotr@s mismas y con los otr@s.

Lo simbólico y recuperación de lo sagrado

Tomando distancia del discurso patriarcal, tan fácil de reproducir, las mujeres ritualizamos y simbolizamos creativamente nuestra oposición política a las soluciones guerreras y violentas. Esta iniciativa que hemos construido nos ha permitido tejer lazos entre lo masculino y lo femenino, entre lo interior y lo exterior, entre el mundo de las mujeres y un mundo que tradicionalmente ha sido de los hombres

Una de las característica de la propuesta Ruta pacífica es que logra integrar en su propuesta política, por un lado una racionalidad que podríamos llamar una lógica de lo masculino,  y por otro lado la razón poética, lo simbólico y el ritual que nos permite la revaloración de lo sagrado articulado a la intuición creativa y  a la subjetividad.

La lógica racional nos lleva a reconocer el marco y las lógicas de la sociedad en que vivimos. Por eso se reclaman los derechos humanos de las mujeres, la participación política y un lugar en las mesas de negociación del conflicto,  esto se expresa públicamente en espacios políticos y en los medios masivos de comunicación. Como ciudadanas expresamos nuestra consternación y rechazo por la degradación del conflicto armado y denunciamos los efectos que la guerra tiene en la vida de las mujeres. Asi mismo se denuncia la violencia como un círculo vicioso que nada bueno trae para las actuales y nuevas generaciones.

La segunda lógica hace una valoración de la defensa de la vida articulada a lo sagrado, al ritual y a la importancia de la subjetividad. Esta lógica articula lo poético a lo simbólico-estético como dimensiones creativas desde lo femenino. 

Esta propuesta quiere además rescatar para la humanidad lo simbólico y la razón poética, las cuales permiten recuperar la dimensión sagrada y el mito. Se crean asi otros lenguajes y formas de articular el discurso político. Discurso político que hasta el momento está ligado a lo racional, que ha obviado lo no verbal, los signos, las señales, y que se encuentra desgastado en una lógica que sólo encuentra sentido en el discurso de los políticos, seres especializados que han expropiado y dejado que el conjunto de la sociedad les delegue un oficio indelegable : La responsabilidad individual que nos cabe a tod@s como parte del colectivo humano.

Lo sagrado entonces se revive asi a través del ritual, del simbolismo y de la poesía. El ritual  revaloriza lo social, hace trascendente la existencia humana. Existencia que es irrespetada y olvidada a diario en nuestro país. Por eso las mujeres, desde la intuición que nos devela lo femenino, con propuestas como las de La Ruta Pacífica tratamos de recuperar lo sagrado,  esa dimensión que ayuda a instituir o a refundar las bases de nuestra convivencia, dimensión que puede ayudar a reconstruir los límites, a respetar la dimensión sagrada de la vida.

Conjurar el miedo

Para las mujeres que participan en La Ruta Pacífica,  lo simbólico expresado en el ritual y en la dimensión simbólica,  tiene efectos sanadores y reparadores. Además nuestra experiencia nos ha demostrado que también desarma a los armados y teje hilos invisibles entre los seres, porque es un lenguaje al que todos podemos acceder incluso sin discursos.  Cientos de mujeres desde diversas experiencias y estratos se vinculan a las movilizaciones, y acciones propuestas articuladas por esa intuición, algunos hombres también se sienten convocados.


Se han realizado marchas[18] a lugares donde se vive cotidianamente el conflicto armado, se ha acompañado a poblaciones afectadas por el desplazamiento forzado y por disputas territoriales entre los diversos grupos armados, donde ronda la muerte cotidiana.  Es obvio que estas experiencias generan tensión y miedo en las mujeres participantes en este tipo de marcha, pero el miedo se controla al sentirse en compañía y enlazadas con tantas mujeres;  cuando se recurre al ritual, a terapias  alternativas y de sanación para derrotarlo, porque como dicen las mujeres de la Organización Femenina Popular “Es mejor ser con miedo, que dejar de ser por miedo”.

Otra característica de esta clase de movilización es la no violencia, porque cuando la Ruta actúa,  no lo hace desafiante ni incitando la agresividad. Se ejerce resistencia y desobediencia civil, se actúa con una presencia poética, simbólica y persistente. También se ha observado que muchos soldados observan estas movilizaciones a veces con asombro, o con desconcierto y  se quedan a la expectativa porque sienten curiosidad por lo que ven.  En algunos casos han habido reacciones agresivas por parte de las fuerzas armadas del estado, las cuales han sido respondidas por las mujeres de manera pacifista. Al no responderse desde el mismo lugar de los agresores, éstos no logran su cometido intimidatorio.

Conciencia planetaria

La Ruta Pacifica ha rescatado asi mismo el discurso y las propuestas pacifistas que propenden por la convivencia pacífica entre human@s y con todos seres de la naturaleza.  Se ha asimilado que no hay futuro posible y viable para las nuevas generaciones, si las presentes no acumulamos herramientas y habilidades de todo tipo en la tramitación pacífica de  los conflictos ya sean familiares, sociales o políticos; y si no aprendemos a respetar la naturaleza,  superando la relación de dominio que depreda la naturaleza y pone en duda la continuidad de la vida en el planeta.

También se es consciente de que mientras los seres humanos no encontremos otras formas de tramitar los conflictos diferentes a la violencia;  habrá guerra y  seguirá imperando el armamentismo. Por eso los dueños de la industria armamentista estimulan las guerras y generan nuevos focos de conflicto en el mundo. La guerra es un negocio lucrativo para los mercaderes de la guerra, a ellos no les conviene que se construyan espacios de vida pacífica,  ni que se construya la paz.

Contra la guerra, el militarismo y el armamentismo La Ruta Pacífica junto con otras organizaciones en Colombia (como la Organización Femenina Popular de Barrancabermeja –OFP) construyeron desde el año 2000 una alianza para expresarse y movilizarse regularmente como Mujeres de Negro. Vestidas de luto por todos los crímenes cometidos;  por las diversas violencias que  se viven en Colombia;  para expresar un profundo rechazo a la guerra. En esta propuesta se recoge el legado de otras mujeres pacifistas como las Israelitas, palestinas, norteamericanas, yugoslavas, italianas,  españolas y de otras partes del mundo que de negro, en silencio y públicamente, se oponen a las guerras y el armamentismo en sus respectivos países.

Además la Ruta Pacifica tiene una conciencia solidaria porque se siente interconectada con miles de organizaciones, propuestas y personas en el mundo que están luchando contra la guerra, contra el neoliberalismo y por un mundo con justicia social.  Por eso se busca en el ámbito internacional tejer  la conformación de una red internacional de Mujeres,  y Organizaciones que apoyen las iniciativas de las diversas organizaciones de mujeres y de otros sectores de la sociedad civil por la paz, en contra de la guerra y en pro de la negociación política del conflicto armado  en Colombia.  Además por la creación de lazos de solidaridad con mujeres y hombres de otros países para contrarrestar  la carrera armamentista , el militarismo y la guerra en el mundo.



[1] La visión expresada aquí recoge la vivencia y participación en La Ruta – como cotidianamente se conoce en Colombia a la Ruta Pacifica – desde su surgimiento. Quiero expresar que La Ruta no es el único movimiento u organización de mujeres contra la guerra que existe en Colombia, porque es importante dar un reconocimiento a este hecho. Sobre todo quiero resaltar la existencia de la concertación nacional de Mujeres Contra la Guerra de la cual forman parte La  Organización Femenina Popular, La Mesa Nacional de Concertación, La Red Nacional de Mujeres, La Iniciativa de Mujeres por la Paz y  Ruta Pacífica de las Mujeres.

[2] Martha Colorado es una colombiana que vive actualmente en Vancouver- Canadá.  Participa en la Ruta Pacifica y en Mujeres de Negro, movimientos que luchan por lograr la negociación del conflicto armado en Colombia, desde un enfoque feminista, pacifista y antimilitarista. Marta_colorado@hotmail.com

[3] Experiencias vividas entre noviembre y diciembre del año 2002, cuando este movimiento de mujeres me invitó a ir a Colombia, después de dos años de haber salido de mi país por razones de seguridad para mi familia.

[4] Por mucho tiempo el movimiento social de mujeres de Colombia, como parte de la población civil,  han expresado querer participar en las negociaciones del conflicto armado. Hasta el presente los diálogos realizados han sido entre el gobierno y algunos sectores de la guerrilla, y actualmente específicamente con los grupos paramilitares pero ni los unos, ni los otros, ni el gobierno;   quienes dicen representar al pueblo, han incluido, ni han dado un lugar a las organizaciones sociales que desde hace años trabajan por la paz y la tramitación negociada del conflicto armado.

[5] En ella se plantea la Participación autónoma y directa de las mujeres en los procesos de negociación política del conflicto social y armado,  desde una perspectiva étnico, cultural y generacional, se incluyen además en la Agenda planteamientos que tienen que ver con los Derechos humanos  y el Derecho Internacional Humanitario, propuestas económicas y del modelo de desarrollo, cambio del modelo neoliberal y regulación de la globalización, renegociación de la deuda externa,  políticas públicas efectivas que promuevan una cultura de la noviolencia y el respeto a la diversidad multiétnica y pluricultural, políticas culturales  con perspectiva de género y generacional,  Reforma agraria, territorial y de participación política de las mujeres.

[6] Las zonas de rehabilitación y consolidación son algunos de los territorios más afectados por el conflicto armado. Estas zonas son delimitadas por el gobierno y en ellas establece un control total las fuerzas armadas del estado, en ellas se restringen los derechos de los ciudadanos “con el objetivo de recuperar la seguridad”.

[7] LA Comuna 13 queda en la zona centro occidental de la ciudad de Medellín. Esta es una zona habitada por gente muy  pobre desplazada del campo. El área fue tomada primero por las milicias para desarrollar una “limpieza” de las bandas de delincuentes; luego llegaron los paramilitares a disputar el control territorial a las milicias, la comunidad ha sufrido terriblemente los desmanes y crímenes  cometidos por ambos actores. Durante el año 2002 fuerzas combinadas del Estado se tomaron y bombardearon la zona en dos oportunidades causando también graves violaciones de los derechos humanos. 

[8] Medellín es la capital del departamento de Antioquia ubicado en el noroccidente del país. Medellín ha sido catalogada la ciudad más violenta de América Latina.

[9]  Y sigue siendo doloroso denunciar esto en este escrito,  pero es evidente que las guerras llevan a los seres humanos a lo peor, no lo podemos encubrir, de ello hay que hablar y hacer memoria. Considero este  no es el caso solamente de Colombia.

[10] En el desarrollo de texto se explica que son Mujeres De Negro

[11] Mitú es la capital del departamento del Vaupes, ubicado en la zona suroriental del país, esta zona es limítrofe con el Amazonas colombiano .

[12] Es el nombre de la organización que aglutina a los grupos paramilitares en Colombia.

[13] La  Organización Femenina Popular, La Mesa Nacional de Concertación, La Red Nacional de Mujeres, La Iniciativa de Mujeres por la Paz y  Ruta Pacífica de las Mujeres.

[14] Además de lo anterior, los actores armados esclavizan las mujeres en campos y ciudades obligándolas y amenazándolas a prestarles diversos servicios como cocinarles, lavarles ropa, transportarles armas, cocerles la ropa, entre otros.

[15] Las organizaciones, grupos e instituciones articuladas en la Ruta, trabajan desde muchos años atrás en proyectos organizativos, de participación política, económicos,  ambientales, agroecológicos, con poblaciones desplazadas por la guerra, etc.

[16] Chocó es un departamento ubicado en la parte noroccidental del país, con hermosas costas en el océano Pacífico.

[17] El 80% de los muertos producto de la guerra son personas de la población civil, asesinados en sus casas, en el trabajo o en las calles, sólo el 20% de estos muertos son considerados parte de los grupos en contienda. Contamos además con un promedio de 3000 personas secuestradas cada año, y en las dos últimas décadas 4500 personas desaparecidas. Muchas personas se preguntan quiénes cometen las violaciones de los Derechos humanos, según los organismos encargados de Derechos Humanos,  el 73% de las violaciones de los derechos humanos es causado por paramilitares, el 22% por los grupos guerrilleros y el 5% por las fuerzas del estado.

[18] Las marchas son grandes movilizaciones de mujeres –generalmente 2,000 o más-  que viajan desde diversas ciudades a un lugar determinado previamente. Algunas mujeres viajan en bus hasta por tres días para llegar a su destino. El lugar de encuentro es generalmente una zona altamente afectada por el conflicto armado y donde las mujeres y la comunidad están sufriendo y cargando los efectos del mismo conflicto.

 

About the Author

Martha Colorado es una colombiana, psicóloga y educadora que vive actualmente en Vancouver, Canada. Participa en la Ruta Pacifica y en Mujeres de Negro movimientos que luchan por lograr la negociación del conflicto armado en Colombia, desde un enfoque feminista, pacifista y antimilitarista.

Email:  marta_colorado@hotmail.com

Fotografías

Ruta Pacifica: rutapacifica@epm.net.co

Jesús Abad Colorado es coautor del libro Relatos e Imágenes: El desplazamiento en Colombia. Ha realizado exposiciones fotográficas individuales y colectivas en Colombia y en el exterior. Sus fotografías son memoria y testimonio con un gran valor estético, las cuales aparecen regularmente en publicaciones colombianas que tratan temas sociales.

Email: chuchoabad@hotmail.com


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